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Alimentos funcionales

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Redacción Equilibra

Constituyen el nuevo rostro de la alimentación y en medio del debate que genera para algunos su inclusión en la sociedad, cada vez más contamos con alimentos creados para fortalecer la nutrición en nuestro organismo

Del laboratorio a su mesa, lo que surgió en la década de los ochenta en Japón, hoy se ha popularizado en diversos países del mundo, para compensar y mejorar diversos problemas a nivel alimenticio que sufre la humanidad.
En los últimos años mucho ha cambiado la forma en qué y cómo comemos. Dimos el paso de una economía de autoconsumo a una de mercado donde las nuevas tecnologías en el campo de los alimentos se abren camino. La organización familiar también se ha modificado así como los roles que cumple hoy día la mujer, al insertarse a la actividad profesional-laboral.

 

Estos y otros factores han incidido positiva y negativamente en la alimentación y por ende en nuestra salud. Al punto que en la actualidad vivimos en medio de una paradoja, mientras 1000 millones de personas sufren de hambre crónica en el mundo, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO por sus siglas en inglés), mil millones de adultos tienen sobrepeso y más de 300 millones son obesos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se estima que esta cifra superará los 1.500 millones en el 2015.
Sumado al hecho de que 42 millones de menores de 5 años en el mundo tienen sobrepeso.


Vivimos en polos alimenticios, entre una creciente población obesa y  gran cantidad de personas que sufren hambre y desnutrición.
Es en vista de estos problemas de salud pública que los gobiernos y empresas privadas le han dado un mayor empuje a la producción de los llamados alimentos funcionales.
Según el Análisis de Situación de los Alimentos Complementarios Fortificados para la Niñez entre 6 y 36 meses de Edad en la Región de América Latina y el Caribe de  Unicef, mediante la fortificación masiva es más difícil llegar a los niños pequeños porque éstos tienen necesidades especiales que no pueden ser satisfechas a través de estas medidas; el descuido al abordar sus necesidades comprometerá no sólo su crecimiento, sino también su capacidad para educarse exitosamente. Lo más probable es que no exista la mejor y única solución para todas las poblaciones, sino que se necesite una combinación de estrategias de cambios de conducta e intervenciones basadas en alimentos, que incluyan el uso de alimentos complementarios fortificados.


“Los alimentos fortificados representan una ayuda real contra la crisis alimentaria y la desnutrición.  En Costa Rica  el Programa Nacional de Fortificación de Alimentos consiste en fortificar productos  muy consumidos con aquellos nutrientes que están deficitarios en la población por lo que se mejora la deficiencia de esos nutrientes, principalmente en los niños y personas adultas que están desnutridas. Esto se pudo corroborar con la última Encuesta Nacional de Nutrición de 2008 en que las anemias y la deficiencia de Vitamina A se redujo significativamente”, explicó la Dra. Cecilia Gamboa de la Dirección de Planificación Estratégica y Evaluación en Acciones en Salud del Ministerio de Salud de Costa Rica.

 

Ejemplos a nivel regional

 

Guatemala fue uno de los primeros países de la región en fortificar alimentos para cubrir las deficiencias nutricionales de la población. Empezó en 1967 añadiéndole yodo a la sal marina; sin embargo, no se le dio el adecuado seguimiento al proyecto y según datos de la Organización Panamericana de la Salud, actualmente este es el único país de Centroamérica que presenta un importante problema de salud pública debido a los desórdenes por deficiencia de yodo. Contrario ha sido el caso del azúcar fortificado con vitamina A, la cual representa la principal fuente de este nutriente para los guatemaltecos.
“Además de las necesidades de buscar una dieta más saludable, la industria alimentaria encontró un nicho de mercado muy importante para la producción de alimentos específicos, así los diabéticos encuentran galletas, chocolates y una variada gama de productos sin azúcar, personas hipertensas están consumiendo sal sin sodio e intolerantes a la lactosa encuentran sustitutos de la leche fortificados con calcio y otros nutrientes”, explicó la Dra. Rosa María Novygrodt, especialista en alimento y nutrición de la Dirección de Alimentos y Desarrollo Infantil del Ministerio de Salud de Costa Rica.
Aunque la dieta tiene un gran peso en el manejo de estas enfermedades  la Dra. Novygrodt, advierte que aun no se cuenta con suficiente evidencia científica para afirmar que el consumo de alimentos industriales reducidos en azúcar y grasa compensa económicamente el gasto público en el tratamiento de los padecimientos, ya que estos productos suelen ser más caros que los convencionales.
De hecho es ahí donde diversas organizaciones cuestionan el consumo de alimentos funcionales.

 

Productos funcionales


Vitamina E, presente de forma natural en aceites, semillas y frutos frescos, germen de trigo. También se encuentra en algunos productos procesados que han sido fortificados con dicha vitamina.
Vitamina C, se encuentra abundantemente en los productos cítricos, como naranjas, limones, mandarinas; también se encuentra en otras frutas como la guayaba, el kiwi y en vegetales como el tomate, entre otras. También existen bebidas procesadas (jugos principalmente) que están fortificados con vitamina C.
Entre los alimentos que aportan fibra se pueden mencionar las frutas y vegetales (la cual se encuentra principalmente en la cáscara de estos alimentos por lo que en los casos que se puedan consumir con cáscara sería ideal), frutas secas y leguminosas (frijoles, garbanzos y lentejas); también en los productos integrales.
Finalmente se pueden mencionar los alimentos que tienen microorganismos vivos conocidos como probióticos los cuales, si son consumidos en cantidades adecuadas, contribuyen a equilibrar la flora intestinal, mejoran el sistema inmunológico y previenen el cáncer de colón, entre otras.  En el caso del yogurt, que tienen cultivos vivos de microorganismos beneficiosos.  El yogur y las leches fermentadas son los alimentos que contienen probióticos.

 

La Dr. Gamboa agregó que el gasto público de salud a través de la prevención de enfermedades por medio del consumo de alimentos funcionales podría reducirse siempre y cuando esto se acompañe de estrategias integrales de salud, se sabe que una alimentación adecuada que contenga alimentos funcionales como parte de la dieta contribuye a mejorar la salud de la población pero debe ser acompañada de estilos de vida saludables como actividad física, salud mental y no fumado, si las personas tienen algunos estilos de vida no saludables aunque consuman alimentos funcionales no va a ser suficiente para impactar en la salud de la población y por lo tanto en la reducción del gasto público en salud.

 

“La región tiene la ventaja de tener una gran variedad de alimentos funcionales de manera natural (por ejemplo: frutas, vegetales, leguminosas o lácteos) por lo que no se hace tan indispensable el tener que recurrir a productos procesados con mucha frecuencia, a menos que sea por preferencias propias del consumidor”, comentó  la Dra. Adriana Murillo.

 

 Ciencia a pedir de boca

Los alimentos funcionales son aquellos que contienen componentes biológicamente activos, que tienen una cualidad adicional y que representan beneficios para la salud de las personas y reducen el riesgo de sufrir enfermedades. No  se limitan solo a suplir requerimientos nutricionales en un individuo, sino que también cumplen funciones adicionales de gran importancia para el ser humano.
“A la fecha, los principales estudios han encontrado que los alimentos funcionales cumplen funciones importantes en el crecimiento y desarrollo, como defensa antioxidante, en el sistema cardiovascular y digestivo y en la utilización de nutrientes, entre otros”, aclaró la Dra. Adriana Murillo, Coordinación de Acción Social de la Escuela de Nutrición de la Universidad de Costa Rica.

 

 

El gasto público de salud a traves de la prevención de enfermedades por medio del consumo de alimentos funcionales podría reducirse siempre y cuando esto se acompañe de estrategias integrales de salud.

 

 

Fuentes:
Dra. Adriana Murillo
Bach. Sussan Láscarez
Escuela de Nutrición Universidad de Costa Rica
 


https://www.youtube.com/watch?v=hhIRXR__eMo
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